—¿En serio no habías venido nunca aquí? —Alan me miró con una mezcla de sorpresa y desconcierto, sus cejas alzadas y los labios entreabiertos.
—No... nunca tuvimos tiempo —respondí en voz baja, clavando la mirada en la madera roja de la puerta del departamento.
—Mi preciosa hermana, siempre tan privada —murmuró con una sonrisa ladeada, mientras se agachaba frente a la enorme calabaza decorativa junto a la entrada.
Lo observé hurgar entre las fibras huecas, hasta que sus dedos encontraron una pe