La verdad cayó como un relámpago. Don Rafael, Doña Teresa y Nathan Castañeda quedaron paralizados, la mirada fija en Linda. El aire se volvió denso, irrespirable.
Finalmente, mi madre reaccionó. Se lanzó sobre Linda, tomándola por el cuello de su ropa:
—¡¿Cómo pudiste, Linda?! ¡Era tu hermana! ¡¿Cómo te atreviste a matarla?!
Por primera vez en mi vida, vi a mi madre levantarle la mano.
Los lobos guardianes intervinieron de inmediato para detenerla.
Linda, sin inmutarse, soltó una carcajada amarg