Zayn.
Salté un tronco caído y seguí corriendo por el bosque. Todo se veía tranquilo: los rayos de sol se filtraban entre las ramas, el aire era fresco y el suelo crujía bajo mis patas. Era un día pacífico… aunque mi mente no lo estaba.
Más temprano, mientras mi padre me ponía a cavar una zanja enorme, me había hecho un par de preguntas que todavía rondaban mi cabeza.
Salté un par de raíces más y me detuve junto a una corriente de agua. Bebí un poco y cerré los ojos, recordando aquella conversación.
—Bueno, hijo, creo que es hora de que tengamos una charla seria —dijo papá sin levantar la vista del trabajo.
Lo miré, extrañado.
—¿Qué sucede, padre?
—¿Cuáles son tus planes para el resto de tu vida?
Eso… no lo esperaba.
Papá miró a la distancia, pensativo.
—Nunca hemos hablado sobre tu futuro, hijo. Sé que estos últimos años no he estado tanto con ustedes como me gustaría, pero nunca he dejado de preocuparme por ti y tus hermanos. Sé que Theo no tiene ningún interés en buscar una mana