Capítulo 80.
El aire se había vuelto más denso cuanto más tiempo pasábamos escondidos entre los helechos. Las hogueras chispeaban con pereza, lanzando pequeñas chispas al aire húmedo, y el olor a grasa quemada me revolvía el estómago.
Zayn llevaba un rato contando cuántos hombres rondaban las entradas.
—Siete —susurró, apenas moviendo los labios—. A veces son ocho, pero ese octavo parece más interesado en su botella que en vigilar.
—Sospechosamente relajados —murmuró el lobo blanco.
—¿Crees que sea u