Capítulo 41.
Los días siguientes pasaron como un torbellino. Preparativos, mensajeros que iban y venían de una manada a otra, rumores corriendo como viento entre los árboles.
Se decidió que íbamos a la guerra.
Las manadas del interior, lejos de las fronteras humanas, serían protegidas a toda costa. Pero la amenaza ya no venía solo por tierra: los humanos habían probado que podían llegar también por mar.
La manada Fénix fue designada para custodiar las costas. Nadie conocía mejor que ellos los acanti