Capítulo 34.
Todos los ancianos se adelantaron, gruñendo con decisión, y junto a Bib parecían un muro impenetrable. Las lobas, una a una, se acercaron y juraron que cuidarían de nosotros, los cachorros, durante la huída.
Zayn me tomó del brazo y me guió a mí y a Theo junto a nuestros primos. Su mirada decía que no había otra opción: ahora éramos responsables de mantenernos juntos y vivos.
—Túneles —dijo con firmeza—. Por ahí.
Lo miramos todos con confusión. ¿Túneles?
Zayn gruñó bajo.
-Los túnel