Capítulo 33.
La carrera hasta las cuevas fue una tortura. Los pies descalzos de los más pequeños se hundían en la tierra húmeda, algunos lloraban, otros eran cargados a toda prisa por quienes podían.
Cuando por fin llegamos a la zona de las cuevas, Bib encontró una lo suficientemente grande para todos, un refugio improvisado. Alzó la voz:
—¡Todos adentro, rápido!
El eco de su orden rebotó en las paredes de piedra. Los cachorros corrieron hacia el fondo y los adultos se apiñaron, buscando espacio. Bib