Capítulo 35.
Bib permaneció en silencio. Su mandíbula se tensaba y relajaba, como si dentro de sí librara una batalla contra cada palabra que yo había dicho.
—Un escondite secreto —murmuró al fin—. ¿Y si lo que prometes no existe?
Sentí que la sangre se me helaba, pero apreté los dientes.
—Entonces nos atraparán... y moriremos igual —respondí, casi con un susurro.
Bib me sostuvo la mirada, y por un instante sentí que iba a rechazar la idea. Finalmente, soltó un resoplido y apartó la vista.
—Muy