Capítulo 138.
Durante los siguientes días seguimos avanzando hacia el Norte sin grandes contratiempos. El paisaje cambiaba poco a poco: los bosques se volvían más densos, el aire más frío, y el olor de la sal desaparecía hasta quedar solo tierra húmeda, musgo y piedra antigua.
Extrañaría los peces y los crustáceos, pero ya le pediría a papá que fuéramos por un par como un tiempo padre e hija.
Pasamos por un par de aldeas humanas más, pequeñas y discretas, y en casi todas encontramos lo mismo: el paso de los Renegados durante años.
Apreté los dientes después de la última aldea. Conforme nos acercábamos al límite de los territorios humano - lobo, era un poco más frecuente encontrar algún medio lobo adolescente —que no eran muchos— o cachorros.
Algunos tenían madres humanas que los protegían con uñas y dientes. Otros no tenían a nadie. Incluso encontramos a un par viviendo solos en chozas abandonadas, sobreviviendo como podían. A todos los envié al territorio de mis padres. No hubo discusiones.