Capítulo 137.
Lo seguí.
No pensaba quedarme con la duda, no cuando su gruñido aún me vibraba en el pecho.
—Oye, espera…
—No.
La respuesta fue cortante, sin matices. Aceleró el paso entre los árboles, empujando ramas sin cuidado.
Bien.
Algo definitivamente le estaba pasando.
—Habla conmigo, Alderik. ¿Qué es lo que pasa?
—Nada. Déjame solo.
—No.
Se detuvo de golpe.
Yo iba demasiado cerca. Mi frente casi se estrelló contra su espalda ancha y rígida como piedra. Alcé la mirada, irritada.