Capítulo 123.

El tiempo me sabía a arena resbalándose entre los dedos mientras avanzaba a ras del suelo, pegado a las sombras, respirando solo lo indispensable.

Maldito Alfa.

Ese miserable me la había arrebatado una vez.

No volvería a ocurrir.

Me deslicé hacia la primera formación rocosa apenas llegué a la llanura seca. Desde la distancia parecía un refugio sólido; de cerca solo eran rocas amontonadas que ofrecían pequeñas cuevas donde un lobo podía descansar. Y, efectivamente, allí estaban. Dos lobos tirad
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Angelica Sepulvedaque bueno se lo merece el muy traidor
julija kaskoQue interesante la historia! Que hará Alina cuando Alderick le traerá la ofrenda?
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