Capítulo 124.
Curiosamente, el agua en esta parte del continente no era helada. No diría que fuera cálida tampoco, pero sí tenía una temperatura agradable en comparación con los ríos de nuestras tierras. La bolsa que Ef me dio flotaba a mi lado silenciosamente mientras nos acercábamos a una costa tranquila. Una que, lamentablemente, dejó de serlo porque, para nuestra mala suerte, un grupo de lobos se encontraba pescando en la orilla. Mamá y yo los escuchamos mucho antes de verlos.
Mamá maldijo por lo bajo y