Capítulo 108.
Antes de que pudiera contestar, algo se movió entre los árboles.
Primero fue un susurro, apenas perceptible. Luego, los pasos: pesados, irregulares, acercándose desde el bosque, al otro lado del río.
El lobo blanco giró la cabeza en la misma dirección que yo, el pelaje erizado y los ojos fijos entre las sombras.
El silencio se rompió con un chasquido seco.
Entre los arbustos comenzaron a salir humanos, uno tras otro, con las caras tiznadas y las manos apretadas alrededor de sus armas. Podía ver