Orion
“Lo encontramos”.
El mensaje de uno de mis rastreadores me llega a la mente, un eco que se filtra a través de la conexión que compartimos.
“Lo tenemos”, pienso para mis adentros, mientras cada músculo de mi cuerpo se tensa al máximo.
¡El maldito niño!
Después de semanas de cacería, después de varias muertes y traiciones entre las filas que he reclutado para este trabajo, por fin hemos encontrado su rastro.
—¡Vamos! —ordeno, y mis hombres se mueven de manera rápida y sincrónica, escabul