Lyra
El primer golpe de dolor llega como un arañazo. Fino, cortante… Una punzada que se clava en la base de mi columna, como una enredadera llena de espinas enredándose en mi médula.
Por momentos parece calmarse, pero no desaparece, sino que simplemente se extiende, como raíces envenenadas que reptan por mi interior, ramificándose debajo de mi piel, enroscándose en cada uno de mis huesos y desgarrando lentamente mis nervios.
Un grito queda atrapado en mi garganta, cuando me despierto, jadeando