Clara
La luz se hizo cada vez más y más grande, cálida y brillante.
Rugí, algo entre un sollozo y un grito desesperado. Era injusto lo que estaba ocurriendo delante de mis ojos. Todos mis seres queridos, los que se habían preocupado por mí, ya no estaban vivos.
Cerré los ojos.
"Si ellos no están, no quiero seguir viviendo."
El aire cambió.
En cuestión de segundos, pude respirar de nuevo. Aun con los ojos cerrados sentí una mano acariciar mi mejilla. Su tacto era débil, tembloroso, pero tan rea