Clara
Desperté con un murmullo suave y el roce de unas manos sacudiendo mi hombro.
Abrí los ojos con cautela. Aun sintiendo la suavidad de la cama debajo de mi cuerpo, dudaba que realmente estuviera a salvó. Por alguna extraña razón, sentía que seguía debajo de las minas.
Pero en lugar de ver la cara del capataz, vi a Marla y Enid de pie junto a la cama, cada una con una sonrisa en su rostro.
—Buenos días, Clara —dijo Marla, con voz dulce—. El Alfa quiere que te prepares para el desayuno.
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