Rowan
El amanecer llegó sin gloria.
La plaza frente a la casa del consejo estaba cubierta de cuerpos envueltos en sábanas. Estaban esperando a ser reclamados o incinerados según la costumbre de sus manadas. El olor a sangre seca y sudor mezclado con el humo de las hogueras me arañaba la garganta.
No había nada de honor en aquella batalla. Solo pérdidas.
Me apoyé en el borde de la mesa, con la mirada fija en el mapa de la ciudad. Los puntos marcados brillaban como heridas abiertas, cada uno seña