Clara
—Lo siento —susurró Aldric, apenas audible—. Sé que esto no es justo. Pero necesito hacerlo.
No le respondí. Ya no podía. La cinta que volvía a cubrir mi boca ya estaba en su lugar. Esta vez, menos apretada, permitiéndome respirar sin dificultad.
Pero aun así, era un símbolo de silencio, de sumisión... de propiedad.
Aldric sostuvo la máscara con ambas manos y sus ojos buscaron los míos por última vez antes de ocultarlos.
Ese rostro , frío y genérico, volvió a cubrir mi rostro.
Aunque, es