Eiden se quedó quieto. Sus ojos se movieron entre los míos, como si buscara algo que lo hiciera cambiar de opinión. No lo encontró. Yo no iba a ceder.
—Alana… —murmuró.
—Si vienes conmigo —continué—, no será para esconderme ni para encerrarme en otra casa. Será para ayudarme a limpiar mi hogar. A levantar lo que Daren destruyó. A encontrar a los que quedan. A formar una manada. ¿Puedes hacerlo? ¿O solo sabes disparar primero y preguntar después?
Él apretó la mandíbula. Vi el golpe de mis palabr