Desde la distancia, entre los árboles, se veía una columna de humo elevándose al cielo. No podía ver el fuego directamente; solo el resplandor naranja que manchaba el bosque y el humo oscuro que se mezclaba con la noche.
Me quedé mirando un largo rato, intentando entender si de verdad lo habían hecho.
—Ya está hecho —dije al fin, en voz baja.
Lena estaba detrás de mí. No había escuchado cuándo se acercó , pero allí estaba, con los brazos cruzados y el rostro apagado por el cansancio.
Asintió un