Salí del baño envuelta en una toalla grande. Había dejado el espejo empañado, pero aun así sabía que mi cicatriz estaba más marcada. Cada día brillaba un poco más. Era extraño. Era molesto.
Entré a mi habitación y busqué ropa. Mucha de mi ropa seguía en el clóset. Había olvidado lo que se sentía ponerse algo mío. Elegí un jean oscuro y una blusa sencilla. Me vestí con calma. Luego me senté en la cama y comencé a hacerme dos trenzas. No quería pensar demasiado, pero igual pensaba.
Habían pasado