Damián llegó con un grupo de guerreros del territorio.
Los hombres lobo errantes que aún quedaban en el Nido Salvaje salieron huyendo en cuanto los vieron.
Yo aún sostenía la pistola en mano, mirándolo fijamente.
Él caminaba hacia mí, paso a paso, como si no pudiera creerlo.
—Sofía… ¿de verdad eres tú? ¿No estaré soñando?
Estaba irreconocible.
Demacrado,delgado,los ojos inyectados de sangre.
Nada quedaba del hombre elegante y amable que fingía ser.
Mi cuerpo reaccionó solo.
Retrocedí, levantando