Capítulo 9.

El Alfa que me mordía fue arrancado de mi brazo con una violencia brutal.

Nicolás, con una fuerza inhumana lo lanzó contra una de las columnas de mármol del salón como si fuera un muñeco de trapo. No esperó a que se levantara y se interpuso entre la multitud y yo, su presencia ahora era tan aplastante que varios de los Alfas que antes gruñían cayeron de rodillas, incapaces de sostenerle la mirada al heredero del Clan de la Noche.

— ¡Atrás! — rugió Nicolás, y su voz no era humana, era un trueno
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