Capítulo 10.
El pánico se apoderó de nosotros en el momento en que los nudillos de alguien golpearon la puerta metálica del consultorio. El sonido resonó como un disparo en el silencio de la sala de radiología, rompiendo la atmósfera apasionada que nos rodeaba.
— ¿Hay alguien ahí? Tengo una orden para una placa de tórax urgente — gritó una vez más la persona que estaba del otro lado de la puerta
Miré a mi alrededor y sentí que el mundo se me caía encima. Mi vestido de diseñador que costaba miles de dólares