Capítulo 33: El rostro tras el escándalo.
La sala de maquillaje del canal olía a laca, sudor nervioso y determinación. Emilia Rivas de Castaño observaba su reflejo en el espejo mientras una maquilladora le aplicaba polvo translúcido en la frente. No se reconocía del todo. Esa mujer delgada, con el rostro firme y la mirada templada por la rabia, no era la esposa sumisa de Mauro ni la viuda enlutada de los noticieros. Era una figura pública ahora. Una protagonista involuntaria. Y estaba a punto de entrar al aire.
—Cinco minutos —avisó un