Capítulo 34: Eloísa y Álvaro, una grieta peligrosa.
La mansión de Eloísa Restrepo de Castaño se mantenía en una inquietante penumbra, incluso en pleno día. Las cortinas gruesas filtraban la luz del sol como si hasta la claridad fuese un riesgo. Todo dentro olía a rosas secas, a control y a secretos añejos. En el salón principal, la chimenea encendida no era por el clima, sino por estrategia: a Eloísa le gustaba ver cómo el fuego devoraba la madera lentamente, como si pudiera proyectar en él los hilos que aún movía.
Pero ese día, algo era distint