Capítulo 25. El peso de lo que no se dijo.
El lugar del encuentro no estaba en ningún mapa. Era un cuarto trasero en una casa de paredes descascaradas, alquilado por horas, en una zona industrial olvidada de la ciudad. No había cámaras, ni ventanas al exterior, solo un ventilador ruidoso en el techo y una lámpara que parpadeaba con ritmo enfermo.
Emilia llegó primero. Llevaba el cabello recogido bajo una gorra oscura, una chaqueta de algodón amplia, jeans gastados. No parecía una mujer que encabezara titulares. Parecía una sombra.
Se se