El corte a los hombros le sentaba bien, las puntas rojizas brillando bajo la luz mientras las acomodaba con cuidado.
Había pasado la mañana asegurándose de que todo estuviera perfecto: se duchó con un jabón de lavanda que llenó el aire de un aroma suave, se aplicó una crema hidratante que dejó su piel tersa, y ahora estaba maquillándose con manos temblorosas pero decididas.
Un poco de base para igualar el tono, un toque de rubor en las mejillas, y una sombra dorada que hacía resaltar sus ojos v