El día previo a su ingreso en el hospital había llegado más rápido de lo que Ariadna esperaba. La ansiedad por la cesárea flotaba en el aire, aunque ella intentaba no demostrarlo demasiado. Maximiliano había pasado la mayor parte del día asegurándose de que todo estuviera listo, verificando que la maleta para el hospital tuviera lo necesario y coordinando con el equipo médico que estaría a cargo del procedimiento. Pero, a pesar de lo mucho que se esforzaba por mantener la calma, su esposa podía