No puedo creer lo que ha pasado, no puedo... creer que mi madre, ella...
Estoy sentada en el suelo del pasillo de la UCI, mis rodillas contra el pecho, las lágrimas cayendo sin control. Mi padre está a mi lado, sus manos cubriendo su rostro, sus sollozos como cuchillos en mi pecho.
Mi madre se ha ido. Esa es la realidad que ahora me acompaña, que me apuñala, que me asfixia.
Mi centro, mi luz, mi todo. La mujer que me enseñó a tejer, a reír, a no rendirme, ya no está. La cirugía, el dinero de Le