Esa noche, el sueño me evadió como un ladrón sigiloso, dejando solo el eco de las palabras de Camila resonando en mi cabeza: "Gemelos". Dos bebés. Dos vidas diminutas latiendo dentro de ella, un milagro que multiplicaba la alegría y el terror en proporciones que no podía procesar.
Me tumbé en la cama a su lado, el ático envuelto en la quietud de la medianoche, pero mi mente era un torbellino. Me giré de lado, mirando su silueta bajo las sábanas, su pecho subiendo y bajando con una respiración s