La verdad.
El sol se había hundido tras los tejados del barrio de las Letras, dejando el cielo teñido de un azul profundo cuando Víctor, Ariadna y Darcy salieron del parque rumbo a la Plaza Mayor.
Darcy caminaba entre ellos, saltando con cada paso, el conejo de peluche gris balanceándose en su mano mientras tarareaba una melodía inventada. Se le daba muy bien.
—¡Miren, papá! —gritó al llegar a la plaza, sus ojos abriéndose como platos ante el espectáculo.
La Plaza Mayor era un mar de luz: arcos de bombill