— Un café por favor. — Una temblorosa Mara se sentaba en una austera mesa de un destartalado café de carretera.
— Enseguida. — Accedió la mesera y se alejó con un contoneo gelatinoso.
Sus manos temblaban. Escogió usar chaqueta en pleno verano. Se avergonzaba de los moretones en sus brazos, como si fuese un terrible bochorno ser la víctima de un abusador enfermizo.
El café llegó y Mara dejó encima de la mesa algunas monedas para pagar. La camarera la miró con desprecio
« Perra tacaña. »