Capítulo 38

Lo primero que debía hacer, era romper mis cadenas. No aguantaría mucho tiempo en esa posición, además, podía ver que Carol también sufría.

Sus cadenas estaban al mismo nivel que las mías, pero yo era un poco más alta, por lo que la punta de mis pies podían rozar levemente el suelo. Ella no. En sus brazos había señal de sangre seca. Parecía tener muchas horas en la misma posición.

Hay que hacer algo.

Calma, loba. Aún no es el momento. Te prometo que te dejaré jugar con él todo lo que quieras.

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