—Aparta tus manos de ella —ordenó la severa voz de mi mate y mejor amigo.
El desconocido pareció notar entonces dónde nos encontrábamos. Se apartó ligeramente, permitiéndome observar unos hermosos ojos color miel. Sus facciones eran suaves, su nariz era pequeña y respingona, tenía una mirada tierna, como si estuviera viendo la cosa más hermosa de todo el universo.
¿Por qué se negaba a soltarme y cómo es que podía ignorar a Nate con tanta confianza?
Me sonrojé ante la vergüenza. Todos los estudi