39° La noche de las bestias. Parte dos.
Lia corrió con el corazón acelerado por las escaleras, con una mano arrastraba a Portia y con la otra sostenía con firmeza el celular y la linterna.
— Lia estoy cansada — le comentó la muchacha, pero ella no se detuvo, no quería arriesgarse a parar y que otro grito de Oliver la hiciera volver, así que apretó con más fuerza la mano de Portia y no se detuvo hasta que abrió la puerta del primer piso. Se sintió liberada un poco, pero exhausta.
Apoyó las manos en las rodillas flexionadas para recupe