40. La noche de las bestias. Parte tres.
Lia dejó caer las cosas que tenía en las manos al suelo. El celular rodó a un metros de ella y levantó las manos hacia Eliver que le apuntaba con el arma. Tenía los ojos tan enrojecidos que parecía que gotearan sangre. La ropa estaba muy sucia y rasgada, como si se hubiera rodado por una colina y la expresión de locura le hizo temblar las piernas.
— Eli… Eliver, ¿qué haces? — le preguntó Lia, miró alrededor para buscar ayuda, pero estaba completamente sola, los trabajadores de la remodelación e