206. Visceral
Leonardo
La rabia me hervía por dentro como un veneno corrosivo, quemando cada célula de mi cuerpo. En cuanto Amber cruzó la puerta de la casa, toda la tensión acumulada se convirtió en un estallido imposible de contener. Cerré la puerta del coche de un golpe seco que retumbó en el garaje cubierto y pateé el neumático con toda mi fuerza. El impacto me subió por la pierna, vibrándome en los huesos, pero el dolor físico no era nada comparado con el infierno que llevaba dentro.
"¡Joder!", gruñí, con la voz áspera de furia, mientras me pasaba las manos por el cabello y tiraba de él con fuerza. Respiraba de manera irregular, el pecho subiendo y bajando en un frenesí asfixiante. La sensación de estar atrapado en un laberinto sin salida me aplastaba.
Nos estaban siguiendo. Lo sabía.
¿Y si hubieran intentado algo?
¿Si hubieran interceptado el coche?
¿Si se hubieran acercado a Amber?
La idea me golpeó el estómago como un puñetazo. Un nudo me cerró la garganta, el sabor ácido de la bilis me que