160. Plan equivocado
Peter
El reloj marcaba la medianoche y la ciudad brillaba bajo la oscuridad como un tablero de juego en el que yo controlaba todas las piezas. O al menos así debería haber sido. Pero la incompetencia de mis subordinados había convertido todo en un caos que ahora debía resolver personalmente.
El teléfono en mi mano parecía arder, como si absorbiera toda mi ira. Marqué el número y, cuando la llamada fue atendida, mi paciencia ya estaba al límite.
“¿Tienes idea de con quién estás hablando?”, empec