155. Preciosa
Leonardo
El tiempo parecía plegarse a nuestro alrededor mientras ella me miraba, con los ojos llenos de una mezcla de deseo y vulnerabilidad. Amber no dijo nada; no hacía falta. La forma en que su mano ascendió despacio por mi brazo, los dedos delicados dibujando el contorno de mi hombro, era una invitación imposible de rechazar.
Me incliné hacia ella y nuestros labios se encontraron en un beso que empezó suave, casi reverente, pero pronto se volvió voraz. Su sabor, la textura, la manera en que su boca se amoldaba a la mía… todo era electrizante. Mis manos recorrieron su espalda y la atrajeron más hacia mí, mientras ella rodeaba mi cuello con los brazos y enredaba los dedos en mi cabello.
"Amber", murmuré contra sus labios, con la voz ronca de deseo. Ella respondió con un gemido bajo, su aliento cálido rozándome la piel.
Nuestras bocas siguieron en una danza sincronizada, como si fueran el único idioma capaz de traducir lo que sentíamos en ese instante. Mis manos exploraron la curva d