154. Reflexión
Leonardo
El dormitorio estaba en silencio, roto solo por el sonido suave de la respiración de Amber. El sueño por fin la había alcanzado después de un día intenso, pero yo no lograba relajarme. La descripción de su sueño seguía resonando en mi cabeza, arrastrando recuerdos que preferiría borrar.
La escena que describió… los guardias, la puerta cerrándose… eso había ocurrido de verdad. El peso de la culpa, mezclado con el miedo de que algún día lo recordara todo, hacía imposible ordenar el torbellino de pensamientos.
Me levanté de la cama con cuidado para no despertarla y me senté en el sofá junto a la ventana. La luz tenue de la ciudad se filtraba por las cortinas, bañando el cuarto con un resplandor plateado. Me pasé las manos por el rostro, buscando algo de alivio, pero el recuerdo de aquella tarde volvió con fuerza.
Nunca tuve la intención de herirla de ese modo. Cuando Amber entró en mi despacho aquella tarde, con los ojos encendidos de rabia, supe que algo no iba bien. Aun así, r