153. Un sueño más
Amber
Aunque Louis ya estaba tranquilo y el chichón de su frente empezaba a bajar, yo seguía tensa. Por mucho que supiera que estaba bien, era imposible no mantenerse en alerta. Cada vez que los gemelos se golpeaban la cabeza, me sorprendía repasando mentalmente las indicaciones del pediatra, como si necesitara asegurarme de que nada se escapara a mi vigilancia.
Louis estaba recostado en el sofá, con la cabeza apoyada en el regazo de Leonardo, que parecía incluso más asustado que yo. Por tercer