152. Un susto
Leonardo
La tarde estaba perfecta cuando estacionamos el coche frente a la casa. Amber estaba agotada, pero había un brillo en sus ojos que me llenaba de satisfacción y orgullo. El entrenamiento había sido intenso, pero sabía que cada gota de sudor era un paso más hacia su seguridad y su confianza.
Apenas cerramos la puerta del coche cuando escuchamos voces animadas del otro lado. Antes de que Amber pudiera tomar el bolso del asiento, Bella y Louis aparecieron corriendo por el jardín como dos pequeños huracanes, con sonrisas capaces de derretir el día más frío.
"¡Papá! ¡Mamá!", gritó Bella, con los brazos abiertos mientras venía hacia nosotros.
Louis no se quedó atrás. "¡Taldaron mucho! La Nonna dijo que ya casi era hora de la cena." Sonaba indignado, pero su tono dulce y la forma en que sus rizos dorados saltaban al correr me arrancaron una carcajada.
"Tranquilos, campeones", dije, agachándome para recibirlos en brazos. Bella prácticamente se lanzó sobre mí, y Louis alcanzó a Amber,