Mientras tanto, en el interior de la propiedad de Leonardo el caos y la preocupación se había apoderado de ellos, Elena estaba sentada en el sofá bebiendo una taza de aromática para calmar los nervios.
Mientras que Leonardo trataba de averiguar sobre el paradero de su hija, estaba hecho un demonio con aquel maldito carácter que quería destruir todo cuando las cosas no salían bien.
—Santino, Santino, Santino... —Gritó Leonardo parado en medio de la sala, pero su hijo no aparecía.
—¿Qué sucede?