A la mañana siguiente, Gianina se despertó junto a Adriano y, rápidamente, se levantó de la cama y se encaminó hacia el baño.
Se sentía sumamente extraña.
Era más que consciente de lo que había sucedido entre ella y Adriano y el simple hecho de pensarlo la hacía sentirse incómoda.
Sin perder ni un segundo, abrió la llave de la ducha y se metió bajo el chorro hirviendo.
Sintió como se le enrojecía la piel, pero no le dio demasiada importancia.
Tan solo quería dejar de sentir las manos de Ad