Adriano inspiró profundamente y soltó el aire con lentitud, mientras sus ojos se encontraban con los de Gianina, y, por un momento, el peso que sentía sobre los hombros pareció disminuir, al menos, un poco. Era un breve consuelo, pero suficiente como para que pudiera centrarse en lo verdaderamente importante.
—Claudio —dijo, entonces, con un tono más sereno—, confío en ti y lo sabes. Pero tenemos que asegurarnos que no haya fallos en el plan. Si algo sale mal…
Claudio asintió, comprendiéndolo s