Claudio Messina se encontraba sentado en el salón principal de la mansión de la familia, observando con atención un plano detallado que había extendido sobre la gran mesa de roble. Así como había descubierto el escondite de Antonio Rossi, también se había hecho con un plano del mismo sitio y ahora lo miraba fijamente, con ojos calculadores, mientras sus ideas tomaban forma en su mente.
Alrededor de Claudio, Adriano y Gianina aguardaban en silencio, respetando el tiempo que él necesitaba para hi