Gianina se sentó en el asiento trasero del coche mientras Matteo, con Marco como copiloto, conducía a toda velocidad hacia la mansión. El silencio en el interior del vehículo era pesado, solo roto por el ronroneo constante del motor. Gianina miraba por la ventana, pero no veía nada. Su mente estaba completamente enfocada en Francesco, en las aterradoras posibilidades de lo que podría estar sucediendo en ese momento o de lo que podría sucederle, si Ramiro y Adriano no lograban rescatarlo a tiemp