Miré el mapa en mi teléfono una vez más. Ya estaba cerca, a tan solo una manzana de la ubicación que Anabel me envió. Voy conduciendo despacio, no quiero perderme y sería una imprudencia conducir a mucha velocidad, con la resaca que traía y además observando el teléfono para guiarme.
Veo a unos metros la silueta de una mujer que inmediatamente llamó mi atención. Ella estaba de espalda, las curvas que se le marcaban eran de infarto, tenía un tumbado en el caminar que se me hacía familiar, aunque